y se hizo la paz.
Cuando se deja de hacer equilibrio sobre palitos de fósforos y se vuelve a caminar con los pies, disfrutando de las alfombras de hojas con que se regocijan los pasos en el otoño.
Cuando abandonamos la nave de cascarita de nuez, y nos movemos firmes entre las pocas, pero básicas certezas que nos da el respirar...
Es entonces, cuando se debe retomar la maravillosa porfía de ser feliz, como única y primera obligación para con la vida.



2 comentarios:
Nos la jugamos a encontrarnos ya veces ganamos. y se hace la paz.
me gusta tu sitio!
Como un cigarro, se enciende y se disfruta pero tarde o temprano se termina; el cenicero también tiene un lado coqueto.
Buen escrito.
K
Publicar un comentario