11 de febrero de 2009

Tiempo

Parecía que los latidos del corazón aceleraban el tiempo, y mientras más grande era el sentir más liquido se iba volviendo, y más rápido se escurría por los dedos.

Tanta fue la angustia de ver el desvanecimiento, que buscó mil formas de atraparlo...

Comenzó por idear simples sistemas que aparentaran que hoy fue igual a ayer, pero al ver que nada le daba resultado, decidió encerrarse y repetir las rutinas como si todo fuera estático, como si el día y la noche fueran la misma cosa.
Tanto afano, tanto se esforzó por emular que la tierra se había detenido en un suspiro, que las estrellas dejaron de brillar y el sol parecía no alumbrar y mucho menos entibiar....
Por fin consiguió un suspiro eterno, fundido en la angustia del ahogo constante que frenaron los latidos que habían derretido el tiempo, ese que un día fue tan escurridizo, pero que ahora yacía cristalizado como el doloroso tic-tac del perpetuo olvido.

5 comentarios:

Señor máquina dijo...

linda manera de describir el adios terrenal y dar paso al descanso eterno

Germán Diego dijo...

Es como romper el tiempo.
Juan Rulfo.

Uno besho mami.

Germán Diego dijo...

Oye deliranta donde andas?
bueno, no te pierdas porfa
besho.

Germán Diego dijo...

Oye cesante o apareces o k?

tres besos

Marcel Pommiez Aqueveque dijo...

Sin duda nos gusta ser leídos... Así k si quieres intercabiar enlaces... Avisa...

Un abrazo