22 de octubre de 2007

Señales, coincidencias…?

A veces me voy en la volá de pensar que el destino me envía señales…
(así como decía el cura en “El día de la Bestia”)
A mi?, que de mística menos que de Beata.


Hace mil años, hice un pacto con alguien de no vernos, al menos por un mes.
Ya nos habíamos perturbado suficientemente la vida, como para necesitar vacaciones del “Nosotros”, pero no perpetuas, solo para que las cosas volvieran a su estado habitual y continuar post ese paréntesis extraño.
Pasaron los 30 días y nos encontramos, azarosamente en una fila de un lugar lejano.
Entre la sorpresa, el mirarse a boca de jarro, nos saludamos un poco descolocados, con ese gusto amargo, del que aun no esta preparado para encontrarse de nuevo.
Pasaron 7 días más, y de nuevo.
Sorpresa!!! en un lugar inesperado, ahora ya la mirada era algo así como… “Donde esta la cámara?, Donde esta el detective que me sigue?”
Ese saludo venia por defecto con una sonrisa, pero ni comparada con la que nos surgió exactamente una semana después, en un lugar al que entre por casualidad, de esos que uno elige al pasar, donde hay miles… debo haber entrado, justo cuando el recién se sentaba…
Esa vez hablamos, y nos reímos como nunca.

Conclusión: Na que hacer!!!
Y así fue, no nos sacamos de nuestras vidas, no nos quisimos menos, no nos olvidamos. Habíamos ganado razones cósmicas para nunca perder el contacto.
(chuta que suena lindo)

A propósito de lo anterior….
El destino no me manda ninguna señal.
A veces uno se pone a mirar debajo del agua, a buscarle la 5ta pata al gato, o se las arregla pa ver lo que quiere ver.

Acá no hay nada, a lo más ruido... mucho ruido.

3 comentarios:

Cangurosorte dijo...

y la señal puede ser que no hay señal??...

naahh... actitud... esa es la clave (es facil decirlo cuando uno esta bien parado)... pero tu tambien me has dicho lo mismo cuando he sido un estropajo humano... o no??... y bueno de verdad sirve...

Cuidate mil.

Pedro dijo...

Una vez me topé con fantasmas. Revividos, reiterados y delirantes. Me topé con las sombra del dolor más fino y redomado. La encontré caminando con la misma y oscura mancha del olvido.
Pero llevaba la muerte en las manos. La llevaba.
Desierta. Con el alma evaporada. Si claro ¿dónde está la cámara?
Pero la segunda vez fue la última. Al lado del palacio. Y espero que nunca más se repita. Porque nunca pasó por mi vida un desprecio tan grande por mis manos.
Nunca pasó por mi vida un desprecio tan grande por mi risa.
Nunca pasó por mi vida una flor tan marchita.
Nunca pasó por mi vida. Nunca.

Bristol dijo...

que buena, tal parece un deja vu socio-emocional (si es que ese concepto existe).

recuerdo cuando me paso algo parecido, pero quizas el rompimiento de relaciones diplomaticas fue mas grave, pues la tercera vez no paso de un saludo a la rapida...mala onda con ella...buuu...pero cortés siempre..